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La leyenda del pianista en el océano. Filosofía.

Actualizado: 7 sept 2022


Una explicación de la Filosofía Moderna desde el cine: "La leyenda del pianista en el océano"

FUNDAMENTAR DESDE LOS FENÓMENOS[1]
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FUNDAMENTAR DESDE LOS FENÓMENOS (Una reconstrucción de la historia del pensamiento desde las escenas del cine). Juan José Llompart Torres. Introducción. Determinadas obras cinematográficas brindan notables argumentos para reflexionar sobre los principales sistemas de pensamiento, que han existido a lo largo de la historia. Teniendo en cuenta que nos encontramos en una de las generaciones de la - ya entrada en años- cultura de la imagen, en la que ésta dirige con frecuencia la vida de jóvenes y menos jóvenes, merece la pena el esfuerzo por dirigir esta fuerza, de por si superficial, hacia “lugares” de mayor profundidad, que son los únicos que pueden hacer crecer de verdad, al dar una visión más abierta y por tanto más real y objetiva. Se trata por tanto de seleccionar una “película”, que sirva de referente gráfico en la comprensión de las posturas filosóficas más relevantes y que ocupan al estudiante de los últimos cursos de bachillerato en el currículo de Filosofía. Como dice el profesor Juan José Muñoz: “El cine es el actual cuentacuentos”. En 1999 se estrenó la película: La leyenda del pianista en el océano, de Giuseppe Tornatore. Es una adaptación del monólogo teatral Novecento, de Alessandro Baricco, quien narra una historia de carácter alegórico. Esto último permitirá sacar de la película – fiel al estilo y al fondo de la novela – numerosas interpretaciones filosóficas. La Leyenda del pianista en el océano cuenta la historia de las relaciones entre personas solitarias en los comienzos del siglo XX. Pertenece por tanto al género histórico intimista. Tornatore – como dice Jerónimo José Martín – plantea su musical puesta en escena con un romanticismo desbordante, matizado a veces con algún toque surrealista. Se pretende mostrar la desorientación ante el fin de una época, en la que se divisa un futuro incierto. Resulta ,por tanto, ser una obra de gran utilidad para desentrañar los pensamientos, que están en la base del Romanticismo. La película además cuenta con un vocabulario, que hace más cercana la imagen al público joven. El objeto del presente trabajo es ofrecer un material de apoyo, para la explicación de la Historia de la Filosofía del bachillerato, que partiendo de lo visual-auditivo (fenómeno), ayude a ver las ideas que hay detrás (fundamento). Nociones preliminares para la lectura filosófica de la película. 1. Comentario cinematográfico. La película tiene un guión meticuloso en el que cada palabra está ponderada, una deliciosa historia épica, composición musical del más grande, Ennio Morricone, actores en estado de gracia, dirección artística impecable y fotografía digna de un Oscar. Así es La leyenda del pianista en el océano. En primer lugar, esta película es auténtica poesía cinematográfica. Pero no es sólo lirismo; es también una impactante leyenda mágica, fascinante, que refleja sobre la pantalla diversos claroscuros de la condición humana. Cuenta la historia de Danny Boodman, conocido como “Mil Novecientos”, que nació en tal fecha a bordo del Virginia, un vapor trasatlántico que lleva a emigrantes europeos a América. Han pasado los años y, sin bajar del buque, se ha convertido en un virtuoso del piano y del Jazz. Su singular música nace de su forma de mirar la realidad, y por ello es incapaz de leer una partitura: sólo se inspira ante el estupor de una presencia. Llega a ser tan famoso que le empiezan a llover ofertas profesionales desde Nueva York. Pero él es incapaz de abandonar el barco: no entiende nuestro mundo lleno de seducciones, de infinitas opciones, de interminables ambiciones..., un mundo sin fin. Danny reconoce que lleva dentro una infinitud que sólo precisa de ochenta y ocho teclas de piano para expresarse. ¿Qué haría en un mundo que siempre te ofrece y te pide más y más? Conoce la condición humana como nadie, conviviendo en cada travesía con dos mil emigrantes cargados de deseos y esperanzas. Con esta bella parábola, Tornatore ha querido reflexionar sobre la fragilidad de la experiencia humana: «Es una fábula universal construida en torno a una metáfora de la condición humana. Mil Novecientos, con su singladura permanente entre uno y otro continente sin echar jamás pie a tierra, representa la precariedad la propia existencia. Éste es uno de los aspectos más cercanos al hombre contemporáneo. Se ve la profunda desorientación ante el fin de una época y el comienzo de un futuro incierto». (Cfr.: “Una fábula sobre la condición humana”. Juan Orellana). 2. Clave para la lectura filosófica. Conviene tener en cuenta la siguiente clave para la interpretación de la película, que puede ser explicada antes de la proyección, para dar el enfoque pretendido a este recurso pedagógico. Los continentes de Europa y América, que ponen límite a la trayectoria del Virginia representan la realidad y el océano la conciencia, lo subjetivo.

Cuestionario de la película Después de los comentarios técnicos y de contenido se da a los alumnos el cuestionario de la película, que puede ser el siguiente: 1. Época en la que se ambienta la película. Características de esa época. 2. Antecedentes histórico-filosóficos de esa época. 3. ¿Qué tipo de conocimiento es el que predomina en el protagonista de la película? 4. ¿Por qué es lógico que se dé en un personaje de esa época? 5. ¿En qué escenas se pone de manifiesto? 6. ¿Qué aspectos de la realidad desprecia Novecento? 7. ¿En qué se centra la vida de Novecento? 8. ¿Qué ha aportado la Filosofía moderna al mundo de hoy? 9. ¿Qué consecuencias negativas puede tener? 10. Intenta identificar a alguno de los actores con alguno de los filósofos que conoces. El objetivo de ofrecer un cuestionario es el de ayudar a una primera aproximación crítica de la película, que será complementada con la explicación del profesor al terminar cada una de las sesiones de que conste la proyección, o al finalizarla. Tema: El olvido del ser 1. Raíces de la pérdida del sentido de verdad Escena: ”Nunca estás verdaderamente acabado mientras tengas una buena historia y alguien a quien contársela. Lo malo es que nadie se creería nada de nadie”. Puede dar pie a comenzar hablando del historicismo, como una de la consecuencias de la modernidad. El concepto de verdad, desarraigado de la realidad, queda debilitado y se le hace depender de la historia: verdad (historia). De este modo lo verdadero estará a merced de los cambios producidos en cada tiempo. Es fácil entonces que se de la inquietud por la falta de credibilidad. Max tiene una visión crítica acerca del momento. Cinco siglos antes, la Filosofía comienza a mirar a otro sitio. El realismo tomista comienza a producir cansancio por su profundidad. Ockham se va a encargar de dar el corte con lo real. Se puede hacer ver que el origen de esta desconexión entre conocimiento y realidad arranca del nominalismo, que surge en el siglo XIV con Guillermo de Ockham. Da comienzo una nueva etapa en la que el protagonismo es para la voluntad del sujeto (S). El sujeto se va retirando de la realidad, para centrarse en sí mismo (voluntarismo). El pensamiento de la llamada modernidad nació en el Renacimiento (antesala) como consecuencia de la lenta y continua separación de la Filosofía (razón) de la Teología (fe): fideismo, que surge como consecuencia del nominalismo y da lugar a la cultura ilustrada del XVIII, culminando con los humanismos ateos del XIX-XX. Se pierde la noción de trascendencia para instalarse en la inmanencia del sujeto, que pretende recuperar la seguridad perdida, sin saber que la verdad no tiene sustituto útil. La interpretación de la realidad histórica como proceso ascendente hacia la afirmación de la libertad es atribuida por Schelling a la intuición genial del historiador-artista. 2. La intuición como conocimiento característico de la modernidad. Escena: “Siempre sucedía lo mismo: en un momento determinado, alguien levantaba la cabeza ... y la veía. Es algo difícil de comprender. Éramos más de mil en aquel barco, entre ricachones de viaje, y emigrantes, y gente rara, y nosotros... Y sin embargo, siempre había uno, uno sólo, uno que era el primero ... en verla ... Entonces ... se volvía hacia nosotros y, si te fijabas bien, ya veías América aparece en escena la estatua de la Libertad)...” El primero en ver América. En cada barco hay uno. Y no hay que pensar que son cosas que ocurren por casualidad, no ..., y ni tan siquiera es cuestión de dioptrías: es el destino. Son gente que desde siempre tuvieron ese instante impreso en su vida. Y cuando eran niños, podías mirarlos a los ojos y, si te fijabas bien, ya veías América...En los ojos de la gente puede verse lo que verán, no lo que han visto”. El conocimiento característico de la modernidad será la intuición. Descartes recurrirá a las ideas innatas como referencia más segura del conocimiento. En cada generación (barco) hay un genio con innato talento. La libertad como gran logro histórico profetizado por los que posean una genial intuición ha quedado explicada en el anterior párrafo. Aunque ya Platón habla de un conocimiento de intuición (noesis), será en la modernidad cuando tome el protagonismo. Con la intuición se quiere designar en esta época la visión directa e inmediata de una realidad o la comprensión directa e inmediata de una verdad. Condición para que haya intuición en ambos casos es que no haya elementos intermedios, que se interpongan en tal visión directa. Ha sido común por esto contraponer el pensamiento intuitivo al pensar discursivo. Platón y Aristóteles admitieron tanto el pensamiento intuitivo como el discursivo, pero mientras Platón pone de relieve el valor superior del primero y a considerar al segundo como un medio para alcanzar el otro, Aristóteles procuró establecer un equilibrio entre ambos. Para Descartes la intuición es un acto simple, a diferencia del discurso, que consiste en una sucesión de actos; por eso - como Descartes pone de manifiesto en las Reglas para la dirección del espíritu, solamente hay evidencia propiamente dicha en la intuición, que aprehende las naturalezas simples (claridad) así como las relaciones inmediatas entre esas naturalezas (distinción). La intuición cartesiana tiene tres propiedades esenciales: a) ser acto de pensamiento puro (por oposición a la percepción sensible; b) ser infalible, en tanto que es todavía más simple que la deducción, la cual no es más que la progresión espontánea de la luz natural; c) aplicarse a todo lo que pueda caer bajo un acto simple de pensamiento, es decir, los juicios y las relaciones entre juicios. Kant empleó el término intuición en varios sentidos: intuición intelectual, intuición empírica e intuición pura. La intuición intelectual es aquel tipo de intuición por medio del cual algunos autores pretenden que se pueda conocer directamente ciertas realidades, que se hayan fuera del marco de la experiencia posible. Kant rechaza este tipo de intuición. El tipo de intuición aceptable es aquel que tiene lugar “en tanto que el objeto nos es dado, lo cual únicamente es posible, al menos para nosotros los hombres, cuando el espíritu ha sido afectado por él de cierto modo”. Según Kant los objetos nos son dados por medio de la sensibilidad, y sólo esta produce intuición. La intuición es empírica cuando se relaciona con un objeto por medio de las sensaciones, llamándose fenómeno al objeto indeterminado de esta intuición. La intuición es pura cuando no hay en ella nada de lo que pertenece a la sensación. La intuición pura tiene lugar a priori como forma pura de la sensibilidad y sin un objeto real o sensación.


Para Descartes la experiencia activa la ideas innatas, para Kant es la condición de posibilidad del conocimiento científico. Pero ya en Kant la realidad que vemos es caótica y desordenada. La realidad exterior no es poseedora de forma. Es el sujeto quien la posee. Al conocer vemos la realidad ordenada, porque las formas a priori de nuestra sensibilidad (espacio y tiempo) y las categorías del entendimiento la organizan según sus formas. El sujeto lleva a cabo por tanto una labor transformadora. La realidad queda dividida en dos: por una parte la realidad en sí o noumeno (incognoscible, por el inevitable componente subjetivo del conocer) y la realidad en mí o fenómeno (que marcará el límite de la posibilidad del conocimiento científico). En la película se pone de manifiesto cuando el realizador nos muestra la escena de la primera vez que Novecento sube de las bodegas del barco a los camarotes, cuando cuenta sólo con doce años. Novecento percibe la imagen borrosa de un piano a través de una cristalera esmerilada. Esa imagen confusa en apariencia es suficiente para que Novecento aprenda a tocar el piano.


El idealismo alemán postkantiano tendió a aceptar la noción de intuición intelectual. Ello sucedió por varias razones: eliminación de la cosa en sí incognoscible (escenas de la película posteriores a la decisión última de no bajar del barco), e importancia otorgada a la actividad no sólo constituyente, más bien constructora del Yo (cfr. díálogo en el que se habla del sonido del mar: “Tuuuuuuú”). El yo de la modernidad no será tanto adjetivo como sustantivo. Este yo sustantivo hace que todo gire en torno a él. Todo lo demás quedará en función del nuevo centro de gravedad, que es el sujeto. La realidad pierde el protagonismo en favor del sujeto, que es quien decide lo que es verdad (voluntarismo). 3. Filosofía moderna o inmanentista. Escena: “Siempre en remojo en el océano, cuando bajabas a tierra..el estaba quieto..., pero tú seguía balanceándote. Porque es posible bajar de un barco, pero del océano...”. Es la consecuencia de la filosofía moderna, caracterizada por su progresivo inmanentismo. Desde el abandono de la filosofía realista por la nueva visión nominalista, la verdad se va situando más en el sujeto. En lugar de realidades, de ser, se habla de fenómenos, hechos. La percepción de lo real se va subjetivizando, y la voluntad va cogiendo, poco a poco, las riendas del conocer. Nos vamos situando y “formalizando” en las coordenadas del océano de lo subjetivo (categorías kantianas). Puede interpretarse como figura de Guillermo de Ockham al padre adoptivo de Novecento, quien al enseñarle a leer desposee voluntariamente a la palabra madre de su significado real, dándole otro distinto: caballo de carreras; con el fin de desembarazarse del problema de explicar al niño algo que le costaría entender. Juega con las palabras como si carecieran de contenido real (nominalismo). Quizá por eso hoy preferimos para quitarnos preocupaciones, utilizar eufemismos, que inquietan menos a la conciencia, ante la presencia de diversos intereses: interrupción del embarazo (aborto), muerte digna (eutanasia), ... 4. La actitud crítica en la Filosofía Moderna. Escena : (Novecento con sólo doce años toca el piano por la noche). - Novecento, todo esto va contra las normas. - A la m. Las normas. La modernidad se caracteriza por su creciente sentido crítico contra lo establecido. Descartes escribirá en francés y no en Latín su Discurso del Método bajo la siguiente justificación: “Es porque espero que aquellos que solamente se sirven de su razón natural, carente de todo prejuicio, juzgarán más correctamente mis opiniones, que aquellos que no aceptan sino el pensamiento antiguo”. El siglo XVII es el siglo de la pre-ilustración. La Ilustración confiada en la luces de la razón, en su mayoría de edad (Kant), se caracteriza por ir contra el antiguo régimen y escuchar sólo la voz de la diosa razón. Descartes enunció unas reglas racionales al estilo de la Nueva Ciencia, que serían rectoras del saber y del actuar. Kant fiel al espíritu de la ilustración y gracias al descubrimiento de la razón práctica, construye una moral presidida por la libertad, de carácter formal, sin ninguna limitación normativa concreta (ética material clásica), más acorde con el paradigma moderno de la voluntad autónoma. La moral formal, desposeída de toda norma concreta, queda reducida al cumplimiento del deber, con el único deseo de que la actuación tenga una aceptación universal. En una ética así – del deber por el deber – se priva al sujeto del conocimiento del por qué de las acciones, y se deja a la voluntad, que sea quien supla la falta de apoyo de la inteligencia. Se pierde así la causa final, la de mayor importancia para Aristóteles (Cfr. escena- después comentada en la que Novecento repite varias veces en tono de crítica “¿por qué? ...” antes las preguntas de su amigo Max. 5. Las consecuencias del voluntarismo nominalista en la Nueva Ciencia y en las filosofías posteriores. Escena: “Aquella noche, en mitad de la tormenta, ..., llegamos al salón de baile, y después, rebotando de una punta a otra, yo, obviamente, porque él parecía que tuviera railes debajo de los pies, llegamos hasta cerca del piano...- Quítale los topes del piano, dijo. Si te fías de mi, quítaselos...Y el piano seguía las olas, e iba y venía, y giraba sobre sí mismo..parecía que el mar lo acunara, y nos acunara a nosotros,...,y Novecento tocaba, no paraba de tocar, y parecía claro que no tocaba simplemente, estaba conduciendo el piano, ¿de acuerdo?, con las teclas, con las notas, no lo sé, lo llevaba a donde quería, era absurdo, pero así era...comprendí que lo que de verdad estábamos haciendo era bailar con el océano, nosotros y él, locos bailarines, y perfectos, abrazados en un vals turbulento, sobre el dorado parquet de la noche”. La decisión de quitar los topes al piano coincide con el voluntarismo nominalismo, que desconfía de la causa formal. El efecto es la velocidad, el progreso, que imprimirá la Nueva ciencia, al ocuparse solamente de dos de las cuatro causas aristotélicas, de las dos únicas de las que se confía: la material y la eficiente. El resultado es la moderna desconexión de la realidad, que pasa por el solipsismo de Descartes y llega a la locura de Nietzsche. Sin el amarre de la causa formal, de la ley natural, de la naturaleza, el progreso se lleva a cabo sin dirección. No hay causa final, y lo más fácil es que todo acabe en un violento frenazo, en el caso de la película contra el camarote del capitán del barco. La vida sigue según el vaivén de la subjetividad. A Max, a quien podemos asemejar con el realismo escolástico, le cuesta caminar por un suelo no cimentado. Novecento le llamará “marinero de agua dulce”. Representa la filosofía medieval antes de quedar herida por la navaja de Ockham. Ahora los cimientos metafísicos (el ser) se han perdido de vista; se navega más rápido, pero sin profundizar, deslizándose, y sin saber dónde se va (pérdida del sentido). En esta nueva forma de pensar, el arte ocupa un lugar vacante. La producción estética de Kant es pionera con respecto a lo que después sucede. En el profesor prusiano se encuentra, por primera vez, la consideración de que es posible hacer una ciencia sobre la experiencia estética. La realidad puede ser captada estéticamente, al arte le corresponde una parcela propia de la realidad. Aquí radica la aportación de Kant para Nietzsche: el arte tiene su territorio propio, donde no tiene sentido la finalidad objetiva del conocimiento. Al lado de esta se encuentra la finalidad estética, que no responde sino de ella misma, o sea, que es libre. Novecento viaja con la música, sin someterse a partituras, interpretando el reducido mundo, que pasa ante sus ojos, en las continuas travesías, que realiza el Virginia. 6. El encerramiento en el yo. Escena: “¿Por qué permaneces en esta prisión viajera? ¿Por qué no paras de una vez por todas y te bajas de aquí, al menos una vez, una sola vez? Novecento... ¿Por qué no bajas? - ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?... Las últimas preguntas van perdiendo sentido en la nueva visión antropocentrista, encerrada en sí misma. Hay miedo ante la apertura a la realidad. Se busca lo limitado, lo finito, que es más seguro. El infinito es el sujeto. 7. Intuición vs. abstracción Escena: “Fue el varano de 1931, cuando subió Jelly Roll Morton, el inventor del jazz”. Puede aprovecharse la escena para destacar la sobrevaloración de lo intuitivo sobre la inducción abstracta o la deducción, al ser Novecento quien vence en el duelo de pianistas, resaltar el rechazo de Nietzsche a los músicos profesionales, después de la conversión de Wagner. No obstante, para vencer novecento tendrá que superar una dificultad. ¿Qué es un duelo?, pregunta. Está tan centrado en sí mismo, que no parece preparado para las relaciones de alteridad. Esto se verá también en la falta de realismo en el trato con una joven de la que parece enamorarse. 8. El yo sustantivo y el yo adjetivo (alteridad) Escena: “En Nueva York, dentro de tres días, bajaré de este barco. Tengo que ver algo allí abajo...El mar (Se lo había dicho un campesino; uno de esos que vive durante cuarenta años trabajando como un burro y lo único que ha visto es su campo, ..., hasta que un día cogió un camino insignificante, que si lo seguías, girabas un par de veces y rodeabas una colina, al final, de repente, veías el mar. Es como un grito gigantesco, que grita y que grita, y lo que grita es: Tuuuu...que tienes m. hasta la cabeza,..., la vida es inmensa...” Un campesino, que puede representar también a la filosofía medieval, transmite a Novecento su experiencia acerca de la visión del mar, desde la tierra. Es el punto de vista de la filosofía realista, que partiendo de lo sensible dirige su reflexión en busca del ser de las cosas, hacia lo real, que es inagotable, sin poner limites en la búsqueda de la verdad. Se trata de una visión abierta, no crítica, que dirige hacia los tres tipos de realidad: Dios, hombre y mundo. La mirada (de Novecento) subjetiva, crítica, agnóstica de la realidad, ve una ventana abierta a un escenario más admirable: inmenso. Hay que perder el miedo a la verdad, cuando los compromisos de esta chocan con una voluntad enfrascada en el submundo del yo (sustantivo). No se escucha el tú del mar, porque el yo es más fuerte. Hay que bajar la escalerilla y atreverse a buscar la verdad de un modo quizá más costoso, como el campesino, que hunde el arado en la tierra y avanza con la lentitud que acompaña a la profundidad. La filosofía de Descartes acorde con la Nueva ciencia perdió la hondura, la metafísica, el ser, la cosa en sí, que es más que el fenómeno. El mar puede representar a la subjetividad y la tierra a la realidad. Novecento navega entre las intuiciones a priori, tocando sólo, desde la superficie de su experiencia. 9. El olvido del ser: Del idealismo absoluto al nihilismo y al materialismo. Escena: “Fue en el tercer escalón cuando se paró. De golpe. Permaneció así durante un tiempo eterno. Miraba hacia delante, parecía que buscaba algo... Novecento volvía a subir aquellos dos escalones, de espaldas al mundo y con una extraña sonrisa en la cara...Ese día y en los dos viajes que hicimos después, Novecento estuvo un poco raro, hablaba menos de lo habitual, y parecía muy ocupado en asuntos muy personales...Parecía más allá de todo, parecía intocable. Su música y el: lo demás no importaba...Había decidido tocar una música absurda y genial”.


Tras el intento y negativa de acercarse a la realidad, se produce el hundimiento en la soledad del yo, que se va absolutizando. Se va constituyendo la razón absoluta de Hegel, que terminará en el nihilismo de Nietzsche. Hay sin embargo clara noción de destino, en una historia en la que como Hegel decía, podemos saber el final, que es puramente racional Cuando ha decidido volver atrás, lanza su sombrero. Es el gesto que refleja cierta pérdida de la dignidad, al renunciar a lo más humano: la alteridad, la relación.

Escena: “No fue lo que vi lo que me asustó fue lo que no vi...en toda aquella ciudad había de todo menos un final”. Imagínate un piano. Las teclas empiezan, las teclas acaban. Tu sabes que hay ochenta y ocho...no son infinitas. Tú eres infinito Con esas teclas es infinita la música que puedes tocar. Pero si bajo esa escalerilla, y frente a mí se extiende un teclado con millones de teclas.. Si ese teclado es infinito, entonces en ese teclado no hay música que pueda tocar. Te has equivocado de taburete: ese es el piano de Dios”.


La ciencia para Kant se construye bajo los límites de la experiencia fenoménica. Hablar de lo que hay más allá es un intento indebido para el hombre de ciencia. Siendo realidades, a las que el hombre tiende: Dios, alma, mundo; no son cognoscibles para el saber teórico, sólo para el práctico (ética).

Escena: “Como mucho puedo bajarme de mi vida”.

La explosión del barco, en la que muere Novecento, representa el fin de la filosofía del espíritu absoluto de Hegel. Se da comienzo a la filosofía de la nada (nihilismo) y al materialismo.

En la escena previa, Novecento aparece tocando un piano inexistente.

El precio de la libertad es la realidad.

Novecento encerrado en su verdad, no alcanza la libertad, a la que parecía destinado.


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